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Los argentinos y el sexo

Los argentinos somos unos hipócritas en materia de sexualidad", en esto coinciden, por sobre todas las cosas, los profesionales que dan su testimonio en este intento por desnudar lo que nos pasa.

"Desde la época de la Conquista, pasando por la Colonia, la Independencia, el Centenario y el reciente Bicentenario, el sexo ha sido objeto de un doble discurso", anticipa el escritor y psicólogo Federico Andahazi, que acaba de publicar Pecadores y pecadoras, la tercera parte de sus libros sobre la Historia sexual de los argentinos.

Según Paola Kullock, consultora y maestra en cuestiones de sexo: "Los argentinos tenemos una triple moral: pensamos una cosa, decimos otra y hacemos otra muy distinta". "Nuestra hipocresía está determinada por el don del chamuyo; la infidelidad, en secreto, pero por todos sabida; y la creatividad para encontrarle una excusa o diagnóstico casero a cualquier disfunción", considera el psiquiatra y sexólogo Adrián Sapetti.

Esto es apenas un anticipo. Lo concreto es que cada día son más las consultas a sexólogos, psiquiatras y psicoterapeutas por las tantas versiones libres de "miedos, fobias, impotencias y fantasías reprimidas".

"En general, llegan al consultorio, solos o en pareja, hombres y mujeres de entre 30 y 50 años", intenta promediar el doctor Sapetti. "Los principales motivos de consulta de los hombres -puntualiza el sexólogo- son por eyaculación precoz, disfunción eréctil, deseo sexual disminuido y complejo de pene pequeño. A las mujeres les preocupa la falta de deseo sexual, la imposibilidad de llegar al orgasmo y el vaginismo".

Sapetti advierte sobre otro fenómeno muy común y preocupante: "Hay un gran número de hombres que no pueden unir el placer con el amor; y ésta es una de las causas fundamentales en torno a los destiempos tan comunes en muchas parejas. Este es uno de los motivos por los que se mantiene siempre vigente el negocio de la prostitución".

"Pero hay otro tema de consulta -advierte el médico-, tal vez el más vergonzante para muchas parejas: el matrimonio no consumado. Estoy trabajando con parejas que llegaron con la confesión de que aún no han podido tener relaciones." Lo curioso es que -tal como confirma el especialista- "estas parejas suelen pedir la consulta cuando se disponen a tener un hijo y no pueden concretarlo".

En medio de estos trastornos y tantas otras patologías, irrumpen los relatos sobre las fantasías por concretar, tarea poco sencilla para el perfil culposo del argentino promedio. Hipócritas, pero más liberados y creativos, "tenemos algunas fantasías que ni siquiera nos animamos a pensarlas ni asumirlas como propias", advierte Andahazi.

Cada quien con lo suyo y como puede, pero, en busca de un ranking, los expertos revelan que "las fantasías más frecuentes de los argentinos suelen ser: la cama de a tres, el voyeurismo y las prácticas homosexuales".

Demasiado cansados
El estrés y la ansiedad de los tiempos que corren parecen ser una de las causas de tanta insatisfacción sexual. Un estudio realizado en 2010 por la Fundación Nacional del Sueño y publicado por The New York Times, revela que uno de cada cuatro norteamericanos dicen que están "demasiado cansados para tener sexo".

Esta falta de descanso, un fenómeno muy común también entre los argentinos, los inhabilita para cumplir con otras funciones familiares y laborales. Pero si algo sorprendió del estudio realizado es la cantidad de respuestas en relación directa con el sexo y el cansancio.

Son cada día más frecuentes los problemas para conciliar el sueño o sostener el descanso cuando nos dormimos. En este contexto, muchos hombres y mujeres creen "haber perdido el deseo y la pasión", cuando en realidad lo que tienen es sueño. No duermen o no llegan a descansar por vivir sobreexigidos, ansiosos y obsesionados. Así es, con insomnio o desvelados, dudan de sí mismos o sospechan de sus parejas, al creer que se han convertido en seres deserotizados, asexuados, menopáusicos o andropáusicos precoces, entre tantas otras patologías sexuales.

"Sin embargo, en muchos casos, quienes alegan tener deficiencias sexuales por estrés, son quienes encontraron la excusa perfecta para no hacerse cargo de tantos síntomas que se sostienen y se incrementan con el correr del tiempo", cree el doctor Sapetti.

Por eso es importante que, en caso de padecer algún temor o trastorno sexual, se consulte a un profesional capacitado para llegar a un diagnóstico preciso y comenzar un tratamiento eficaz.

"Si hay un indicador de esta época que atenta contra la plenitud sexual -enfatiza Sapetti- es el incremento en el consumo de alcohol y psicofármacos." Además de los sedantes, antidepresivos y ansiolíticos, la sobreingesta de Viagra certifica el nivel exagerado de expectativas y exigencias. Para muchos, la pastilla azul se convirtió en un amuleto u objeto antifóbico.

Tanto Viagra suelto da cuenta, al mismo tiempo, de un cambio en la actitud de las mujeres en la cama. Si bien Paola Kullock está convencida de que "muchas mujeres aún no saben pedir lo que quieren", hay otras que, a diferencia de hace unos años, ahora piden, esperan, avanzan y exigen. Ellas ya no son tan pasivas ni sumisas y, en este partido, el hombre, que se creía dueño de la pelota, tiene miedo de embarrar la cancha. El varón aún no entiende qué lugar ocupar en este estado de roles alterados. Y es así como echa a rodar el círculo vicioso de la pastilla milagrosa.

Pese a esta tendencia de muchos a convertirse en "maratonistas sexuales de alto rendimiento", a otros les resulta mucho más efectiva la idea de humanizar al "gran macho" o al "tigre que llevamos dentro". En este sentido, Andahazi sabe dar consejo: "en materia sexual, es mucho más prudente callar las virtudes y confesar los defectos. Más vale sorprender que decepcionar".

Superman es argentino
Michael Foucault, uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, comienza su primer libro de la Historia de la sexualidad refiriéndose a que tenemos una vida sexual "contenida, muda e hipócrita".

Desde el comienzo de su obra, es muy preciso cuando describe adónde fue a parar la sexualidad que, hasta comienzos del siglo XVII, se vivía con mucha más luz y franqueza. Quien quiera empezar a entender qué nos pasó es bueno que se tome unos minutos para estas pocas líneas del primer capítulo de La voluntad de saber: "A este tiempo luminoso habría seguido un rápido crepúsculo hasta llegar a las noches monótonas de la burguesía victoriana. Entonces la sexualidad es cuidadosamente encerrada. Se muda de lugar. La familia conyugal la confisca. Y la absorbe por entero en la seriedad de la función reproductora. En torno al sexo se establece el silencio. La pareja, legítima y procreadora, impone su ley. Se impone como modelo, hace valer la norma, detenta la verdad, retiene el derecho de hablar -reservándose el principio del secreto-. Tanto en el espacio social como en el corazón de cada hogar existe un único lugar de sexualidad reconocida, utilitaria y fecunda: la alcoba de los padres."

Si bien, como buenos argentinos, puede relajarnos la idea de que esta hipocresía es universal y que "estamos todos en el mismo horno", hay ciertas cuestiones que nos hacen particularmente "hipócritas e insatisfechos".

"Las expresiones culturales son las que mejor reflejan el modo de concebir, expresar y practicar la sexualidad", sostiene Andahazi, un convencido de que "no puede comprenderse la historia de una nación si se desconoce la historia de su sexualidad; de hecho, los países, igual que cada uno de sus habitantes, son hijos de una vasta red de relaciones sexuales cuya trama sólo puede percibirse a la luz de sucesivas políticas de Estado".

Con los años, los argentinos parecemos habernos convertido en una mezcla rara de Superman con Gardel: la potencia del superhéroe (de historieta, al fin) y la nostalgia de no poder volar. Andahazi coincide con esta mirada y señala: "El sexo de los argentinos se parece bastante al tango: sensual, pero vueltero, ardoroso aunque conflictivo y bastante machista".

Detrás de todo gran Superman siempre hay una gran Luisa Lane. Para Paola Kullock, es culpa de las mujeres el hecho de que aún el sexo parezca de dominio masculino."No es que los hombres exageren tanto -sugiere Kullock-; somos nosotras las que muchas veces les hacemos creer que se las saben todas y que todo lo que hacen nos encanta. Los hombres suelen ser malos amantes por culpa nuestra: porque mentimos, fingimos y exageramos. Mentimos para ser inolvidables, para no alterar su condición de machos y para poder dormir tranquilas."

"Nuestras limitaciones, así como las exageraciones y exigencias, son las que configuran nuestras debilidades en materia sexual", sostiene, convencida, nuestra consultora sexual. Kullock enfatiza la idea de que "los defectos sexuales de los argentinos están determinados por las ganas exageradas de complacer, el excesivo pudor, la cantidad de orgasmos fingidos y la poca capacidad que tenemos, sobre todo las mujeres, para pedir lo que necesitamos".

Lo bueno es que, tal como señala Paola, "así como tenemos nuestros defectos, tenemos la virtud de aprender". Y el sexo no deja de ser un tema que nos interese a todos. Incluso a los que, de la boca para afuera, insisten con que "mejor no hablar de ciertas cosas".

¿Qué deberíamos aprender para resignificar nuestra vida sexual? En principio, los profesionales coinciden en que debemos aprender a tomar registro de nuestros verdaderos deseos y fantasías y poder comunicarles a nuestras parejas qué es lo que nos gusta y necesitamos.

Marte llamando a Venus
"Creo que la falta de comunicación es una de las principales causas de la insatisfacción sexual de estos tiempos -supone Andahazi-. El solo hecho de imaginar que no podemos hablarles de nuestras fantasías a nuestras parejas produce una excitación proporcional a la frustración que provoca la imposibilidad de comunicarse."

Muchas veces no podemos decir porque sencillamente, en primer lugar, no logramos comunicarnos con nosotros mismos. Y ahí es donde entra en juego lo que negamos o reprimimos. Pero ¿cuán reprimidos podemos llegar a ser como para bloquear aquellas pulsiones que pueden estallar dentro de nosotros como un volcán?

"La represión es intrínseca a la sexualidad. Todos, en mayor o menor medida, estamos atravesados por la moral judeocristiana -explica Andahazi-. Pero hay que diferenciar la represión inconsciente -de la que habla el psicoanálisis- de la represión consciente, aquella que nos impide llevar a cabo nuestras fantasías."...



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Tema(s): Sexo en el Mundo

Publicado el: 20/03/2011


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