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El sexo de la edad de piedra

¿Y si no somos tan imaginativos como creemos en el sexo? ¿Y si todo ya está inventado desde hace decenas de miles de años? Se han hallado dibujos, grabados y objetos por toda Europa que muestran comportamientos de los homo sapiens del paleolítico y que son un verdadero kamasutra prehistórico

Hay quienes no pueden dejar de ruborizarse cuando pasean por Khajuraho. Miran de soslayo algunas figuras, se atreven a tomar alguna fotografía y, perplejos y con pudor, se atreven a recorrer con la mirada algunas de las escenas amatorias que decoran los 22 templos del siglo X y XI de este pueblecito situado a 600km al sur de Nueva Delhi, en la India. Algunos de estos relieves recorren todo el Kamasutra,el más famoso y universal manual de sexualidad. Escrito en el siglo IV, es un compendio de técnicas y de consejos en las artes amatorias, así como un listado detallado de posturas sexuales para el coito destinado a enseñar e iniciar en el sexo al pueblo. Para los hindúes, el bhoga, o placer físico, y el yoga, ejercicio espiritual, son las dos formas de alcanzar el nirvana.

Sin embargo, existen compendios sobre el arte de amar mucho más antiguos. Decenas de miles de años antes, los primeros Homo sapiens que llegaron a Europa durante el paleolítico ya conocían y practicaban infinidad de imaginativas posturas. Y plasmaron ese conocimiento en numerosos dibujos, grabados, placas de piedra, huesos y objetos, que constituyen un verdadero kamasutra de la edad de las cavernas. Esas imágenes evidencian los comportamientos sexuales de nuestros ancestros, mucho más desinhibidos que los nuestros, desde besos y abrazos, hasta masturbaciones, consoladores, sexo oral y anal, relaciones homosexuales, voyeurismo y… todo tipo de posturas.

De la reproducción al placer

Aunque se desconoce cuándo el sexo dejó de ser un acto exclusivamente orientado a la reproducción y se convirtió en erotismo y, por tanto, en un fenómeno sociológico, se cree que el cambio se produjo a lo largo de los 250.000 años del paleolítico superior. Fue entonces cuando, en algún momento, nuestros ancestros empezaron a amar como lo hacemos hoy en día y a tener un comportamiento sexual similar al actual.

Hasta hace muy poco, la ciencia se había dedicado a estudiar el sexo únicamente desde el punto de vista de la estrategia evolutiva para la supervivencia, y había aparcado la vertiente social y placentera. "También en este ámbito, durante mucho tiempo, ha habido tabúes", explica Marcos García, coordinador de las cuevas prehistóricas de Cantabria y junto a Javier Angulo, coautor del libro Sexo en piedra (Ed. Luzán, 2005) y comisario de una reciente exposición con el mismo nombre en Atapuerca. "Aquellos Homo sapiens del paleolítico eran anatómica y cerebralmente iguales a nosotros, por lo que, seguramente, tendrían sexo como lo tenemos nosotros". Es más, añade Eudald Carbonell, codirector del proyecto Atapuerca y autor de El sexo social (Ed. Now Books, 2010), "el sexo por placer ha sido un motor constante en la evolución del ser humano. Y nos ayuda a entendernos. Es fundamental en el desarrollo y el comportamiento del Homo sapiens".

Saber cómo vivieron y amaron nuestros antepasados en las cavernas es sumamente difícil porque no se conservan evidencias físicas. De ahí que los científicos traten de recomponer el puzle de la prehistoria a través de los restos arqueológicos y del estudio del comportamiento sexual de otros animales parecidos a nosotros, como los primates.

Sin embargo, la prueba más antigua y mejor conservada del sexo prehistórico es nuestro propio cuerpo. Hace cinco millones de años, nuestros ancestros comenzaron a diferenciarse de sus parientes más cercanos los primates; a los 3,5 millones de años, ya caminaban sobre dos piernas; a los 100.000, se parecían bastante a nosotros, y, a los 26.000, sus cerebros eran exactamente los mismos que tenemos hoy en día. Que fueran tan parecidos a nosotros nos da pistas de cómo harían el amor.

Las imágenes halladas a lo largo de Europa en piedras, paredes, grabados y carbones así parecen demostrarlo. Datan del paleolítico superior, con una antigüedad de entre 40.000 y 10.000 años; proceden de las últimas sociedades cazadoras-recolectoras y son verdaderos documentos que nos permiten entender cómo vivían y se relacionaban. Las más antiguas tienen que ver con la parte más reproductora del sexo, como mecanismo para mantener la especie. Hay grabados que muestran el proceso del parto, como el dibujo de tres vulvas, hallado en una cueva francesa, en el que se aprecia la línea de los labios superiores. En el segundo de los dibujos, la línea está más abierta, y en el tercero, aparece una cabeza. "Eso demuestra que ya conocían el proceso fisiológico del parto, desde la dilatación hasta el nacimiento del bebé en sí", explica Marcos García.

También vinculadas a la cuestión reproductiva están las numerosas estatuillas de mujeres orondas, las llamadas Venus, que datan de entre 29.000 y 21.000 años de antigüedad y que se han encontrado a lo largo y ancho de Europa. De pechos enormes, nalgas sinuosas con acumulación de grasas y vientres hinchados, la mayoría tiene la vulva elevada, cuando en realidad, en la mujer la vulva está escondida. Ese detalle denota la obsesión de nuestros ancestros por mostrarla, quizás por la importancia que tenía para el mantenimiento de la especie. En aquella época, la mortalidad infantil era elevadísima. El 30% de los niños que nacían no llegaba a cumplir un año y, de los que conseguían superar el año, dos de cada 10 morían antes de cumplir los cinco.

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

A medida que fue avanzando la última fase del paleolítico, los dibujos dejan de ser escenas descriptivas de procesos fisiológicos para mostrar a hombres y mujeres practicando sexo por placer, a juzgar por las escenas amatorias que dibujaron en las paredes de las cuevas de Europa. "Se aprecian distintas posturas de cópula; si el sexo sólo se produjera con un objetivo reproductivo, no jugarían ni experimentarían. Y, en cambio, en las imágenes se ve, por ejemplo, a un hombre que coge la pierna a la mujer, para conseguir una penetración más intensa y placentera", explica García. Y se conservan más, muchas más imágenes que muestran una sexualidad basada en el gozo. Hay escenas de sexo oral, en grupo, y de voyeurismo -un hombre está de rodillas frente a una mujer a cuatro patas y un tercer personaje los mira-. Incluso hay una escena -que hoy nos resulta chocante- que retrata a un hombre con el pene erecto a escasos centímetros del ano de una cabra...



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Tema(s): Curiosidades de Sexo

Publicado el: 13/03/2011


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