De verdad, ¿qué es un orgasmo? La persona que se hace esta pregunta y no sepa la respuesta, es muy probable que nunca haya experimentado un orgasmo en su vida. En realidad mi pregunta no va dirigida a quien aún debe “descubrir” el orgasmo, sino para quienes, habiéndolo experimentado, se preguntan qué resortes biológicos, físicos, químicos y psicológicos entran en acción en ese instante de placer.
En realidad es difícil hablar del orgasmo desde el punto de vista científico pues ni los investigadores han podido definirlo con claridad más allá de las reacciones fisiológicas que desencadenan.
La subjetividad de este instante de placer hace que no pueda asumirse como criterio para valorar la satisfacción sexual de una persona durante el coito, la masturbación o cualquier otra experiencia de este tipo.
El orgasmo desde punto de vista fisiológico y genital
Desde el punto de vista fisiológico y a nivel genital, el orgasmo es fundamentalmente un reflejo en el que, neurológicamente hablando, participan la médula espinal, el tronco del encéfalo y el sistema límbico.
Los especialistas han conseguido definir dos fases motoras de una relación sexual placentera. En la primera el hombre contrae su canal deferente, las vesículas seminales, próstata y uretra, lo que hace posible la progresión del esperma. La mujer, en cambio, experimenta la contracción del útero y del tercio superior de la vagina.
Durante la segunda fase, donde se completa el circuito orgásmico, tiene lugar en el varón la contracción rítmica de los músculos del perineo, provocándose la expulsión del semen. En la mujer se produce el espasmo rítmico de sus músculos perineales y vaginales.
Pero en el tiempo que dura el acto sexual ocurren también otros fenómenos conexos que integran el llamado “período de intumescencia” generado por el orgasmo y entre ellos destaca el enrojecimiento de la piel, haciéndose más evidente en la mujer que en el varón; los espasmos y contracciones involuntarias a nivel muscular; la elevación del ritmo respiratorio, la presión sanguínea y la taquicardia que puede llegar a los 180 latidos por minuto.
Una vez alcanzada la cresta orgásmica, no queda más remedio que “bajar”, fase que se caracteriza por el retorno de los órganos implicados a su estado anterior a la excitación, proceso que puede ser más o menos rápido en dependencia del tiempo que duró la intumescencia, así como de la intensidad, las reacciones individuales y las circunstancias que lo rodearon.
Esta fase o periodo refractario posterior se caracteriza por la desaceleración de la respiración y el ritmo cardíaco y por el necesario reposo que necesita el organismo antes de volver a iniciar el ciclo, especialmente en los varones.
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