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Consideraciones del coito anal

Una de las prácticas más comunes entre las parejas es el sexo anal. Los tabúes rodean este término y muchos tuercen el gesto cuando se pone en el tapete este tema. Los más visionarios incluso creen ver un método anticonceptivo en esta práctica sexual ya que el riesgo de embarazo es nulo, mientras que algunos lo descalifican de plano por considerarlo sucio y hasta humillante.

Hay quienes la confinan exclusivamente hacia la esfera homosexual o bisexual, sindicando el sexo anal como un comportamiento derivado de una tendencia homosexual. Las estadísticas generales arrojan que a un 75 % de los hombres les gusta practicar sexo anal con su pareja, mientras que sólo a un 23 % de las mujeres les atrae la idea de tener sexo anal con su pareja. En cuanto a la estadística por parejas, se ha visto que un 20 % de parejas heterosexuales practica el sexo anal. Lo cierto es que esta práctica es tan antigua como la humanidad y los primeros antecedentes los encontramos en la prehistoria. Se han hecho estudios y se ha observado que algunos tipos de primates se adhieren al sexo anal, incluso algunos perros. Por tanto, el factor instinto está de alguna manera relacionado con esta práctica.

Por otra parte, existe un fuerte componente de dominación del hombre hacia la mujer al someterla para sí de una manera no reproductiva. Es un fuerte símbolo de posesión y afirmación de la potencia sexual del hombre. En cuanto al ser humano, uno de los antecedentes más conocidos de esta práctica es recogido por la Biblia en el capítulo de Sodoma y Gomorra relatado en el libro del Génesis. En este pasaje, se cuenta la llegada de dos ángeles a este pueblo para anunciar a Lot y su familia que sería destruido en breve y que debían huir del lugar. La destrucción había sido designada porque ese pueblo se había aberrado y había prácticas comunes de sexo anal. Es de esta historia que surge el término sodomización para referirse al coito anal.

Otros antecedentes se pueden encontrar en la cultura romana y sus prácticas sodomitas las cuales hacían una distinción y sólo era practicado con los esclavos y no entre sus ciudadanos. De igual forma en la Edad Media, los ejemplos también son muchos y existe literatura al respecto. Pero ¿Por qué el hombre siente deseos de hacer un acto sexual anal? Debemos de observar en la naturaleza para ensayar una respuesta a esta interrogante.

Si analizamos, los mamíferos realizan la cópula en la misma posición, la hembra dándole la espalada al macho y éste penetrándola por detrás. Al parecer, esta posición crea una mayor estimulación y por tanto el instinto es fuerte en este sentido. El investigador alemán Graffenberg, descubridor del Punto G, ensaya una respuesta basándose en sus estudios con algunos primates que son ancestros comunes al hombre y que no llegaron a ser bípedos como este. Al parecer, la penetración por detrás sería un rezago de estas características, casi inconsciente al hombre. Otra teoría acerca del atractivo que representa el coito anal, es vista en el tamaño de los glúteos de la mujer, siendo de gran atractivo para el hombre y el contacto con el mismo estimula una erección directamente.

En cuanto al coito anal mismo, las técnicas modernas y los estudios apuntan a que se deben guardar ciertos cuidados mínimos si se decide ponerlo en práctica. El principal punto es la higiene, toda vez que el ano es un conducto por donde se expulsa la materia fecal de desecho y por lo tanto el peligro de contaminación es latente en esa zona. Se recomienda que la mujer proceda a una limpieza exhaustiva del ano antes de tener relaciones anales, agua y jabón suave, si es posible una pequeña lavativa es recomendada también. Esto si se ha decidido realizar el coito sin condón. De igual forma el hombre de lavarse el pene correctamente antes de penetrar a la mujer. En todo caso, se recomienda el uso del condón durante esta práctica ya que el espacio rectal es estrecho y es propenso a micro desgarros que pueden producir hemorragias con el consiguiente aumento del riesgo de transmisión de virus y bacterias. También se recomienda tener este tipo de relaciones al final de la jornada sexual y no penetrar la vagina luego de un coito anal para evitar posibles contaminaciones. Hay que tomar en cuenta que la mujer tiene los genitales muy cerca al orificio del ano y sus cuidados e higiene deben ser máximos ya que hay riesgo constante de infección.

Previa a la penetración anal se recomienda que el ano de la mujer sea preparado previamente. Una vez que se han tomado las medidas higiénicas pertinentes, se debe lubricar tanto el ano como el pene para facilitar una entrada menos traumática. Previamente se debe buscar una adecuada dilatación del orificio anal mediante la inserción de los dedos, también lubricados. En la actualidad existen los llamados consoladores que pueden hacer más efectiva esta tarea, por ejemplo los llamados conos, que son dispositivos especiales que cuentan con una cadena de bolas de distintos tamaños y que van en orden ascendente, intercaladas por un puente entre ellas, de esta manera se logra dilatar el ano de la mujer gradualmente sin que sienta molestias ni dolor. El uso de este dispositivo no supone obviar la lubricación pues el ano, a diferencia de la vagina, no dispone de un sistema de lubricación propio. En cuanto al momento mismo de la penetración, se recomienda que ésta sea realizada de forma gradual y con movimientos circulares que contribuyan a una mejor dilatación. Mucho se ha dicho que en un coito anal el placer es sólo para el hombre, pero se sabe que, de no haber fobias ni prejuicios presentes, la mujer puede alcanzar el orgasmo también ya que se estimula su útero, lo que no se consigue en un coito vaginal.



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Tema(s): Sexo Anal

Publicado el: 30/09/2008


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