Libro: 10 Estupideces que comenten las parejas para dañar sus relaciones Las 10 Estupideces Que Cometen Los Hombres, por Laura Schlessinger, trata sobre los problemas que enfrentan hombres y mujeres para encontrar la ¨paz en el amor¨, en medio de una sociedad que estimula por todo menos el vínculo espiritual y el compromiso alegre y recíproco con obligaciones que son, como todo el mundo parece admitirlo al final de la vida, la esencia misma de una vida significativa.
Cada día es más claro que el tema esencial de casi todos estos problemas es la total ausencia de estándares morales que orienten las decisiones importantes.
A nuestros hijos les falta una dirección porque nosotros, los adultos, también la hemos perdido. Las figuras que solían servir de ejemplo ya no dan ejemplo. Los años ya no traen sabiduría. La decencia está en peligro.
No obstante, al final la gente entiende que lo que necesita es un nido amoroso, feliz y seguro.
1. Secretos Estúpidos
¿Qué tipo de información del pasado estamos obligados a revelarle a nuestra pareja, mientras estamos saliendo, y más tarde, cuando estamos comprometidos y casados? Y ¿qué pasa si se trata de hechos que ocurrieron hace sólo una semana? Por el otro lado, ¿es peligroso atenerse a la norma de que hay que ¨decir la verdad y nada más que la verdad?
Cuando tratamos a nuestra pareja como si fuera nuestro psiquiatra o nuestro confesor, por lo general cometemos un enorme error que con frecuencia es imposible de reparar, aun si la relación sigue adelante. Son momentos en los que entramos en conflicto con el impulso natural de evitar las cosas difíciles (el matrimonio, las hipotecas, los hijos, las deudas) y tratamos de escaparnos adoptando la salida más fácil (las fantasías románticas o sexuales con otras parejas, viejas o nuevas). Éstos son los conflictos privados de todos los seres humanos. Estos conflictos entran en el campo de los secretos destructivos sólo cuando hacemos esa llamada o contestamos un mensaje.
Llegar a conocerse. Proteger los intereses personales es algo normal y natural. Pero proteger los intereses personales a costa de la verdad y el bienestar de los demás es una cosa muy ruin. Una de las razones por las que yo le insisto a la gente que siempre se tome un tiempo, al menos dos años, para conocer a su pareja antes de saltar a una situación en la que se minimiza o se acaba la objetividad (las relaciones sexuales, vivir juntos o casarse) es porque se requiere tiempo para superar todos los esfuerzos racionales, y mucho más los irracionales, que hacemos para tratar de no revelar información que nos pueda expulsar de la vida y el corazón de otra persona.
El rechazo es bueno. Si su pareja no es capaz de manejar una verdad muy fuerte, como el caso de una oyente le confesó a su marido que había perdido la virginidad en una relación incestuosa, ¿cómo esperan usted poder confiar en su pareja en lo que se refiere a los desafíos que les esperan en la vida futura, tales como una enfermedad, o la presión económica, los hijos, los desastres naturales? Las cosas también tienen que ver con nuestra pareja y su carácter y su compasión y su fuerza, y con los dos como un equipo que tendrá que enfrentar los problemas juntos. Enfrentar problemas como éstos es una buena manera de averiguar si esa sí es la persona correcta.
Conocer mi travesía es conocerme a mí mismo. Es increíble la cantidad de oyentes que viven avergonzados de sus actos o de comportamientos pasados y que sufren porque no se pueden perdonar a sí mismos. El segundo aspecto de esta incapacidad para perdonarse es el terrible miedo a ser odiados o rechazados por sus seres queridos como parte de un castigo perpetuo.
Siempre les recuerdo a estas personas que el arrepentimiento verdadero significa asumir la responsabilidad, estar realmente arrepentidos, hacer lo posible para reparar los daños y tener el firme compromiso de no volverlo a hacer.
Con frecuencia los secretos son el síntoma. Cuando una relación tiene problemas tristes y serios, algunas veces los secretos son la manera en que la gente trata de esconderse de esa realidad. En lugar de enfrentar los problemas, buscar ayuda y tratar de cambiar, o reconocer la futilidad enfermiza de su situación, la gente tiende a usar los secretos como una manera de cerrar el abismo.
Tener secreto sobre los errores que cometemos es una forma de mentir y puede lesionar seriamente la relación, afectando su credibilidad y confiabilidad. Probablemente uno de los elementos más importantes de una relación es la seguridad que tenemos de que la otra persona nunca tratará de hacernos daño a nosotros o a la relación.
Los secretos nos mantienen en la soledad. El aspecto más triste de los secretos dentro del matrimonio es que estamos solos con nuestros miedos y problemas.
Todos enfrentamos mejor la adversidad si lo hacemos en compañía de nuestros seres queridos. A ninguno de nosotros nos quieren por ser perfecto, si nos quieren es por nuestra compasión, vulnerabilidad, amabilidad, consideración, , humor, sensibilidad y confiabilidad. Nunca es bueno tener un secreto que puede salir a la luz pública en cualquier momento, siempre es mejor tragarnos el orgullo, admitir la verdad y solucionar los problemas juntos.
Buenos secretos. Habiendo dicho todo esto, hay ocasiones que la verdad se vuelve cruel y destructiva. Tal vez podríamos decir que esos son los ¨buenos secretos¨. Por ejemplo uno nunca le debe decir a su pareja que le aterra ver como se le está cayendo el pelo, o cómo las piernas se le están volviendo flácidas o cómo se le están cayendo los senos, o cómo está engordando.
Uno tampoco le debe contar a su pareja que ha tenido fantasías sexuales con alguien real.
2. Egoísmo estúpido
En nuestra sociedad los valores colectivos y las virtudes son secundarios frente a los reclamos y las protestas individuales, la ira, la irracionalidad, el radicalismo, la intimidación y el terrorismo. En otras palabras, los grupos con intereses particulares son capaces de decir o hacer cualquier cosa para satisfacer sus necesidades independientemente de la justicia, la bondad o la verdad.
Me aterra ver cómo la liberación del sexo, la cohabitación y la educación de los hijos han causado una enorme confusión y devastación de las relaciones personales al poner más énfasis en el ¨yo¨ que en el ¨nosotros¨.
Entre los factores que hacen que la gente esté centrada en sí misma en las relaciones, están la inmadurez, la falta de experiencia, la falta de buenos modales de comportamiento, los estilos de personalidad, los hábitos, la autoprotección y una combinación de todos estos factores.
Como aprende mucha gente que ha pasado por terapia, no es inusual que las personas que han sufrido decidan vengarse con sus cónyuges, según la mentalidad de ¨si yo sufrí por culpa de otro, ahora me voy a desquitar contigo¨. Eso suele suceder con frecuencia en las parejas de personas que fueron lastimadas cuando eran niños. Estas personas tienden a rechazar los valores, la gente y las experiencias buenas motivadas por sus problemas no resueltos, por el miedo a salir lastimadas, o por la sensación de incomodidad con la normalidad después de haber llevado una vida tan caótica. Sin embargo la solución siempre es el amor, el contacto, el compromiso y el propósito. La solución siempre es volverse a montar en el tren del alma del que alguien nos sacó alguna vez.
La tendencia de autoprotegernos aparta a las personas y nos deja muy solos. De alguna manera las personas que cultivan esta tendencia eligen la seguridad sobre el riesgo, y sin riesgo no hay ganancia, y sin ganancia no hay intimidad, y sin intimidad no se encuentran la paz ni la seguridad que provienen de ser conocido y amado.
Estar aburrido significa ser aburrido. Es asombroso escuchar a la gente que critica su matrimonio o a su pareja porque es aburrido. En realidad todas las relaciones pueden volverse aburridas. Es un hecho que la gente que se siente aburrida por lo general es aburrida. Sólo que culpan a los demás y las circunstancias.
Ésa es la razón por la cual la gente se sorprende tanto, y se siente tan molesta, cuando les digo que si se sienten aburridos lo mejor es que traten de volverse personas más interesantes, en lugar de exigirle eso a sus cónyuges. Eso funciona, créanme.
Todo excepto el otro. La lucha contra el egoísmo es difícil e interminable. Eso se debe a que todos tenemos deseos, necesidades e impulsos.
El autocontrol, en oposición al egoísmo, exige esfuerzo y sacrificio. Esto incluye hacer que tener tiempo para el otro sea una prioridad. Significa sacar tiempo para el trabajo, el juego, las aficiones, los niños, la familia extensa, las actividades religiosas y el servicio a la comunidad.
3. Necedad estúpida
Juro que es más fácil convencer a una persona de no cometer un asesinato de lo que es, por lo general, convencer a alguien de que no se enoje o se sienta herido por alguna imperfección, por lo que interpreta como un desaire o un cierto estilo personal. Y, perdónenme, pero las mujeres somos peores que los hombres cuando se trata de ser necias.
Esto no significa que los hombres no puedan ser también hipersensibles o quisquillosos, pero por regla general este tipo de comportamiento es más usual en las mujeres.
Pero independientemente de si se trata de hombres o mujeres, por lo general no son los grandes problemas de la vida los que causan el mayor daño. La falta de serenidad y sentido común, a causa de una necedad, es lo que resulta más destructivo para las relaciones personales en general y sobre todo para las relaciones entre hombres y mujeres.
Por lo general le aconsejo a la gente que evite tratar a menudo o a un nivel profundo personas que sean ¨hiperalgo¨, pues suelen ser situaciones en la que nadie gana. Es imposible entenderse bien con una persona ultrasensible durante mucho tiempo y no volverse totalmente paranoico y vivir preocupado preguntándose cuándo o por qué esa persona se va a sentir herida por algo y cuándo va a estallar y a acusarnos de todo tipo de cosas que ni siquiera recordamos o quisimos decir.
Cuando las pequeñas necedades son importantes. Es preciso aclarar que hay bastantes ocasiones en las que la gente interpreta como caprichos sin importancia asuntos o circunstancias que merecen cierto respeto.
Dejar que las pequeñas cosas de la casa se acumulen sin que nadie levante un dedo es tenderle una trampa a la persona más responsable o compulsiva de la familia para que termine encargándose de todo. ¿Creen ustedes que a una familia o pareja realmente le hace bien tener a dos personas descuidadas, irresponsables e infantiles?
Cuando se ven las cosas desde esta perspectiva, es bastante injusto considerar como caprichos esas pequeñas cosas que a la otra persona le parecen un gran problema; cosas insignificantes, como no tapar la pasta de dientes.
Es verdad que las relaciones amorosas residen en los pequeños detalles. Tengan eso en mente y cedan siempre un poco para complacer a su pareja.
Ni siquiera te das cuenta de que eres caprichoso. Manejar ciertas experiencias de la infancia y la vida adulta nos enseña muchas lecciones. A veces esas lecciones se convierten en comportamiento que generalizamos a casi todas las situaciones, ya sean pertinentes o no. Ahí es cuando nos metemos en líos. Los patrones familiares son difíciles de romper. Pero hay que romperlos si son destructivos, o ajustarlos cuando uno forma una nueva familia con una persona que viene, desde luego, de una experiencia familiar totalmente distinta.
Suposiciones. La sensibilidad es lo que nos hace sintonizarnos con los demás. Pero cuando la sensibilidad alcanza niveles muy altos, a veces nos concentramos sólo en nosotros mismos. La manera más sencilla de modular la sensibilidad es la comunicación.
La comunicación abierta, sincera y sensible es un antídoto necesario para evitar que se forme una montaña de resentimientos a partir de una tontería, pero a veces el río de la frustración no se puede contener.
¿Cuál es mi problema? A lo largo de los años muchos oyentes me han contado sus historias y han compartido conmigo las conclusiones de sus autoexámenes. Siempre me impresiona el valor que se necesita para enfrentar los demonios internos, que son, de muchas maneras, mucho más difíciles que los externos.
Hay un número significativo de fuentes de hipersensibilidad y necedad, algunas aprendidas, otras producidas por el poder de la crítica y los resentimientos y otras que provienen del esfuerzo de supervivencia.
Sensación de no ser adecuado. El punto central de la hipersensibilidad es la noción errada de que todo tiene que ver sólo con uno. Como le digo a la gente en mi programa: ¨Con frecuencia cuando la gente no nos reconoce o no se porta tan amable y positivamente como queremos es porque tiene una molestia privada y no porque nosotros estemos en el centro de su pensamiento de una manera negativa. Por eso siempre sugiero que la gente trate de inducir el bienestar de los demás. En lugar de suponer sus ¨malas intenciones¨.
Celos. Cuando le ofrecemos a otra persona nuestra alma, nuestro espíritu, nuestro cuerpo y nuestra vida, quedamos en una posición bastante vulnerable y vivimos momentos de hipersensibilidad con respecto a cualquier tipo de amenaza de perder ese amor. Podemos minimizar esa amenaza si tenemos una actitud mental sana, elegimos a alguien psicológicamente sano, nos comunicamos de manera generosa y nos comportamos en general de una forma amable.
Manipulación. No es raro que la gente no quiera renunciar totalmente a sus problemas a causa de las ganancias secundarias: simpatía de parte de los demás, poder y estar libre de responsabilidad. Lo mismo sucede con las actitudes molestas de la hipersensibilidad.
Por lo general este estilo de personalidad es el que llamo melodramático: concentrarse en ser el centro de atracción y controlarlo todo mediante despliegues de ira y de molestia. Con frecuencia digo que no hay amor donde hay miedo. Debo agregar aquí que tampoco hay amor donde hay intimidación. Hacer que alguien se sienta permanentemente responsable de nuestras emociones, hacer que nos ruegue constantemente que lo perdonemos por algún desaire (claramente no intencional) y hacer que se sienta todo el tiempo como una mala persona por herirnos tanto es intimidación.
Perfeccionismo. Uno de los rasgos de personalidad más doloroso es el perfeccionismo. El mayor problema con el perfeccionismo es que alcanzar la perfección es imposible y, en consecuencia, tiene una meta inalcanzable. Para muchas personas esa insatisfacción perpetua es fuente de constante frustración y de la incapacidad para disfrutar del viaje de la vida. Para estas personas el proceso de la experiencia y el aprendizaje es doloroso, en lugar de ser estimulante.
Autoprotección. Éste es un estilo de relación muy frecuente: no admitir ni mostrar mucho afecto, mantener al otro en la cuerda floja, no permitir que el otro se dé cuenta de lo necesario que es, o vivir buscando peleas para no llegar a la intimidad ni quedar en una posición vulnerable. Ésas son las personas que no pueden tolerar los riesgos del amor.
Venganza. Comportarse de manera caprichosa es la forma como algunas personas expresan su ira, ira con su pareja o con alguien o algo más en la vida.
La venganza no sólo tiene que ver con dar rienda suelta a sus sentimientos, sino con contestar un golpe con otro. Tristemente es muy común que la gente le cobre a su pareja la rabia que trae de otros lugares menos seguros, como la familia, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo o los jefes.
¿Cómo dejar de ser caprichoso?. De acuerdo a muchos testimonios, a continuación hacemos un resumen:
- Orar con más frecuencia: la oración no sólo produce tranquilidad, también nos ayuda a ser humildes y nos recuerda nuestras obligaciones con los demás.
- Asuman la responsabilidad de aquellas cosas sobre las cuales no parece que pueda tener una actitud flexible.
- Encontrar la manera de resolver los problemas y enfrentar las situaciones en pareja es mucho mejor que hacerlo solo.
- Arriesgarse a no ser perfecto.
- La comunicación es el elemento más importante de las relaciones, evita las suposiciones y los malentendidos.
- Controlarse. A veces es sabio quedarse callado.
Básicamente la cura para la necedad es esforzarnos más para tratar a nuestros seres queridos como si los quisiéramos. Este último consejo se explica por sí mismo.
4. Poder estúpido
Con frecuencia las diferencias en niveles de energía, estilos, personalidad y experiencia producen exasperación. Las costumbres con las que crecimos siempre parecen naturales, obvias y claras.
El poder estúpido se presenta cuando uno necesita ganar siempre, tener el control, estar a cargo, ganarle siempre al otro. En las discusiones, estas personas sólo necesitan oír parte de lo que el otro tiene que decir, si es que están dispuestos a oírlos, para poder saber cuál es el siguiente paso para ganar la discusión.
Con frecuencia digo en mi programa que la persona con la que nos casemos debe ser aquella única persona en el mundo con quien podemos compartir nuestros problemas más profundos, internos, incómodos y vergonzosos. En lugar de eso, lamentablemente mucha gente se casa y trata a su pareja como si fuera un enemigo y no su aliado.
El hecho de tratar de ejercer en forma inapropiada el poder, o lo que llamo poder estúpido, es un intento por ser algo que no somos, por protegernos de enemigos antiguos o imaginados. Es la prueba de que todavía nos vemos como nos veíamos en la infancia, como el centro del universo.
El problema de competir por el poder cuando se trata de tomar una decisión, es que la competencia no es buena para la intimidad. La competencia siempre significa que alguien pierde y se siente disminuido y despreciado.
No todas las diferencias tienen que ver con un problema de superioridad o inferioridad. Las diferencias no deben ser una oportunidad para tener estúpidas luchas de poder, por el contrario, deben ser oportunidades para mostrar afecto, humor, respeto, paciencia y para aprender. Pero en lugar de eso, con frecuencia veo que la gente usa las diferencias como motivos para mostrar superioridad sobre el otro en momentos de gratificación inapropiada. A menudo los conflictos tienen que ver con conocimientos generales, opiniones, ideas, perspectivas, metas y sueños, reacciones e incluso cosas superfluas.
Sólo debemos tener en mente que nuestra misión expresa en el mundo no es señalar todos los errores de nuestras parejas. Cuando vean una falla, una diferencia en la manera de hacer algo o en una característica que no les gusta, siéntense, respiren profundamente y denle gracias a Dios por haberles enviado a alguien a quien amar y que los ame.
Los ciclos de las luchas de poder son agotadoras. Es muy difícil llevar una vida razonable con alguien que vive constantemente enojado o que estalla sin aviso, y es muy difícil llevar una vida razonable si uno vive furioso por tonterías. Esa manera de vivir la vida es condenarse a la esclavitud del impulso y la mezquindad.
Cuando una persona dice ¨No me puedo controlar, no puedo controlar lo que hago¨, básicamente está reconociendo que es un esclavo, que no es el dueño de su identidad ni de sus actos y posibilidades. Pero uno puede decidir ser el dueño de la situación. Uno puede decidir cerrar la boca cuando siente que lo que viene es un comentario antipático o una crítica. Uno puede vivir con la molestia de que todo no se haga de la manera en que se está acostumbrado. La molestia pasará una vez uno se acostumbre y luego uno será el dueño de la situación.
Es sencillo, lo que hace difícil que renunciemos a las luchas de poder es el miedo a ver con qué nos quedamos. Pues bien, si uno eligió sabiamente a su pareja, la respuesta es que se queda lleno de paz y amor.
5. Prioridades estúpidas
El trabajo no es la única prioridad que puede mantener extremadamente ocupada a la gente y lesionar o destruir las relaciones. La compulsión a limpiar es una fuente de problemas para algunas parejas.
El trabajo es la prioridad número 1. Lo más triste de la gente que necesita retos constantes o que todo esté en orden antes de preocuparse por sus relaciones es que realmente nunca pueden ocuparse de de sus relaciones. El trabajo y la obsesión por la limpieza son sólo pantallas detrás de las cuales estas personas ocultan su miedo a problemas, debilidades, defectos, secretos o angustias reales o imaginadas. Ellas se sienten seguras y competentes con un computador o un trapero, pero no en los brazos de su cónyuge o de sus hijos. Esto requiere introspección y una intervención profesional y explica el motivo por el cual estas personas se aferran a su determinación de no renunciar a lo que están haciendo, a pesar de los problemas que están teniendo en sus relaciones.
Éxito y dinero. Muchas personas juzgan su valor por los resultados del trabajo, en lugar de juzgarlo por la suma de los resultados de su trabajo, su matrimonio, sus hijos, sus amigos, su familia, su comunidad y su vida espiritual. El problema es que cuando la vida es sólo trabajo, sin familia ni vínculos maritales, pierde toda la textura, la belleza, el significado y el propósito.
No quiero madurar. A veces hay gente que no quiere madurar. Este tipo de personas cree que el hecho de estar casados y tener hijos no debe cortar de ninguna manera la diversión. A veces se trata de sus aficiones, otras veces del tiempo que pasan con sus amigos, otras veces simplemente optan por desaparecer. La inmadurez de estas personas las hace elegir su gratificación inmediata por encima de sus obligaciones y el bienestar de sus (supuestos) seres queridos.
Es muy difícil que estas personas reflexionen. Este tipo de personas nunca quiere dar nada y por eso son muy malos cónyuges y padres. Y la verdad es que esto se ve desde que uno los conoce, lo que pasa es que a veces optamos por hacernos los ciegos porque estamos enamorados, o desesperados, o creemos que van a cambiar, o las cosas no parecen tan graves al principio.
Los padres hiperresponsables. Entre las hordas de padres que son demasiado indulgentes o descuidados con sus hijos, cada tanto me encuentro con padres que exageran la responsabilidad de la paternidad hasta el punto de descuidar su propia salud y la de su matrimonio. Algunas veces se debe a que estas personas se sienten más cómodas relacionándose con un niño que con otro adulto, en la medida en que el adulto tiene expectativas y puede exigir y, además tiene la capacidad de criticar o rechazar, así que mucha gente prefiere hacer de la relación con sus hijos la primera y única prioridad. Obviamente esto deja por fuera a la pareja.
Mi madre o mi pareja. Con frecuencia la gente tiene confusiones con respecto a las obligaciones que tiene con sus padres en comparación con las que tiene con su pareja e hijos. Honrar a nuestros padres no significa deshonrar las promesas y las obligaciones del matrimonio. Significa que debemos ser respetuosos y asegurarnos de que estén bien, pero no significa que tengamos que sacrificar a nuestra familia por ellos.
Ninguna persona debe hacer responsable a su pareja de sus propios deberes para con sus padres. En la medida en que cada uno del los miembros de la pareja debe aportar a la relación su yo más sano, en los casos en que hay claros problemas de apego inapropiado a la familia original se debe buscar ayuda profesional.
6. Felicidad estúpida
La felicidad es una decisión consciente, una actitud conscientemente asumida, una actitud abierta a los matices, que requiere comprensión y voluntad de nuestra parte. Por lo general, las personas que dicen ser ¨infelices¨ por razones desconocidas tienden a comportarse de una manera que no les produce ninguna alegría a quienes las rodean, de la misma forma en que la gente que se siente aburrida suele ser gente aburridora.
Felices para siempre. Teniendo en cuenta que muy pocas personas viven bajo el mismo concepto de practicar la felicidad, se tiende a asumir ingenuamente que el matrimonio es en sí mismo una fuente de felicidad.
El sentimiento de ¨felicidad¨ no debe ser la prioridad que nuestra sociedad parece consagrar, ni debe ser el criterio para determinar el valor de nuestra vida y nuestras relaciones. Cumplir con nuestras obligaciones y portarnos de una manera amable y positiva ya de por sí nos hace felices. Cuando creamos un ambiente positivo independientemente de nuestro estado de ánimo, creamos una atmósfera en la cual los demás prosperan y nos devuelven cosas todavía más positivas.
Enamorarse. Si está usted buscando la verdadera felicidad con otra persona, lo primero que necesita es ser razonablemente maduro, psicológicamente sensato y capaz de enfrentar la verdad y la realidad.
En la consejería prematrimonial la gente debe enfrentar sus diferencias para determinar su compatibilidad y su capacidad para manejar las diferencias. Durante la consejería la gente tiene que ir más allá del estado de ilusión para volverse más pragmáticas acerca de las cualidades que son realmente valiosas en su futuro compañero de vida y padre de sus hijos.
Practicar la felicidad también significa asumir la responsabilidad por las elecciones que hacemos y que sabemos que no son muy sabias y saludables.
Por pura debilidad. Me parece asombroso comprobar cuánta gente se esfuerza por mantener una relación con la persona equivocada sólo para ser feliz, al tiempo que está tan dispuesta a terminar con la persona correcta cuando se presentan dificultades.
Le he dicho a más de un oyente que la pareja que cada uno elige es un reflejo de sí mismo. En otras palabras, cuanto más se queja uno de su pareja, más llama la atención sobre sus propias debilidades. Por ejemplo, cuando uno no es feliz porque el otro es ¨controlador ¨, se debe a que uno está dispuesto a renunciar a la felicidad para esconder sus debilidades.
Algunas personas toleran los comportamientos más horrendos porque creen que no están determinadas a ser felices. Otras se conforman con boronas de felicidad en medio de la infelicidad. Otras tienen más claridad sobre lo que las empuja hacia la felicidad ¨estúpida¨.
En conclusión, ni nosotros ni nuestra relación vamos a ser perfectos. Pero eso no nos debe impedir hacer las cosas consideradas, cariñosas, valientes y compasivas que debemos hacer para que la vida de nuestra familia sea mejor.
Si usted no es feliz, trate de comportarse como si lo fuera y fíjese cómo eso alegra su vida y la de su familia, y termina alegrando al mundo.
7. Excusas estúpidas
Hoy día educamos a nuestros hijos mediante historias políticamente correctas, en una sociedad que fomenta la noción de que existen muchas buenas razones para ser deshonestos y que esas excusas exoneran a quienes hacen las cosas mal.
No es una sorpresa comprobar que innumerables encuestas demuestren que los adultos jóvenes no sólo se han vuelto menos honestos hoy día, sino que excusan su comportamiento con lo que creen que son explicaciones razonables para su falta de integridad y de vergüenza por esa misma razón. Estas excusas comprenden ideas que la mayor parte de la generación de nuestros abuelos habría reprobado severamente, tales como: ¨Todo el mundo lo hace¨, ¨uno queda en desventaja si es honesto porque quienes hacen trampa van adelante¨, ¨És que estoy bajo mucha presión¨, ¨Estoy muy ocupado para hacer eso¨, y otras más.
La realidad es que sin honor, integridad, responsabilidad y obligaciones tenemos tan pocas restricciones que estamos totalmente solos, a la deriva, asustados, aislados, escépticos, deprimidos y desconcertados porque no parece existir nada ni nadie en quien podamos confiar.
Inventar excusas es muy humano. Aunque los seres humanos no somos criaturas en las que pese tanto la programación instintiva, tenemos comportamientos que sirven para esa misma función; uno muy importante es evitar hacer cosas que nos hagan causar una mala impresión y despertar el rechazo y el castigo. Si hacemos algo malo, encontrar una manera de ocultar o desviar la verdad es el recurso para evitar la deshonra y las consecuencias. De ahí surgen comportamientos como la mentira, la tendencia a culpar a los demás, la de desviar la verdad y atacar a los demás, todos ellos estrategias para cuidar nuestra imagen o poder.
Y confesar nuestros errores es la actitud más honorable. La inmadurez se define como la disposición a asumir la responsabilidad, sin excusas, por nuestras acciones. La inmadurez, por el contrario, es la falta de voluntad para hacerlo.
La causa de la muerte de muchas relaciones a menudo está implícita en la actitud de negación que permite que dos personas que no combinan bien decidan unirse. La gente tiende a imaginar, esperar o creer que el hecho de querer que alguien cambie es suficiente para hacerlo distinto.
Las excusas estúpidas que sirven para tolerar los malos comportamientos (y no hacen nada para mejorar las situaciones) incluyen:
-¨Nadie más quería salir conmigo, entonces, ¿qué podía hacer?¨
-¨Me sentía en deuda con él porque era mayor y había hecho cosas maravillosas por mí¨.
-¨No quería que se enfureciera porque quería que me amara¨.
Excusar los malos comportamientos de los demás no hace que nos quieran más, ni que nos acepten, ni nos traen seguridad o una buena relación. No se deben excusar los malos comportamientos cuando la relación apenas está comenzando porque así desperdiciamos la oportunidad de mejorar la relación o, si es necesario, la oportunidad de encontrar una pareja más sana y mejor.
Tú me hiciste hacerlo. Una de las excusas más insidiosas es echarle la culpa de nuestro comportamiento precisamente a la víctima de éste.
En últimas todos somos responsables de nuestras propias decisiones respecto a nuestra manera de actuar y no debemos dejar que nadie nos convenza de lo contrario.
Es asunto de nunca acabar. Siempre les digo a las parejas que tener resentimientos hacia el cónyuge después de haber sufrido una decepción en el matrimonio es algo totalmente normal y previsible. Usar la excusa de que ¨A mí me hicieron sufrir¨, aunque puede ser válido, es una actitud destructiva para los planes de reconstrucción de una pareja. En algún momento hay que renunciar a la rabia y a los comportamientos que ella estimula.
8. Relaciones estúpidas
El amor es una acción que se basa en la convicción del compromiso, no en el flujo de la emoción. La emoción que nos produce el hecho de sentirnos totalmente atraídos hacia alguien, sexualmente fascinados con esa persona y erizarnos cada vez que la vemos o pensamos en ella es intermitente y frágil y puede ser fácilmente opacada por emociones como el aburrimiento o la depresión, o por preocupaciones de salud o económicas, o por problemas familiares y muchas otras cosas. Lo que nos da la fuerza para portarnos bien, a pesar de las oscilaciones de esa ¨sensación de enamoramiento¨, es el sentido de la obligación que implica la seriedad del compromiso.
Sí, pero yo quiero esos sentimientos intensos. Tanto los hombres como las mujeres descubren rápidamente que el hecho de estar casados y tener hijos no es la experiencia fantástica que imaginaron. Con madurez, compromiso y comunicación la gente aprende a enfrentar de la mejor manera posible los desafíos, las dificultades y las decepciones de la vida.
Con mucha frecuencia la persona que tiene una aventura se convence a sí mismo de que todo es sólo un coqueteo o una amistad inocente, a través de la cual pueden encontrar una diversión que es imposible encontrar en la casa, en medio de niños llorones, una esposa cansada y problemas domésticos.
Pero no importa cuantas vueltas le demos, esta actitud es egoísta, incorrecta, no sirve para resolver el problema real y hace que todo el mundo se arriesgue a perderlo todo.
En sus sueños. De acuerdo con mi experiencia en la radio, definitivamente son las mujeres quienes más tienden a soñar y fantasear con un viejo amante, cuando la realidad de la vida y de las responsabilidades se hace sentir después de la luna de miel.
Es normal que las relaciones tengan que luchar con la realidad, pero lo que se ha vuelto normal, a pesar de que está muy mal, es hacer caso omiso de los compromisos y las promesas con el fin de ¨sentirse bien¨. La verdadera felicidad es una experiencia mucho más profunda que sentirse entusiasmado. No obstante, mucha gente hoy día sigue buscando gratificación inmediata.
Necesito pensar que soy indispensable. Las fantasías sexuales o románticas no son la única fuerza que motiva las relaciones estúpidas, esas relaciones inmorales o poco sanas por fuera del matrimonio, que dañan la intimidad matrimonial. También la necesidad unilateral de sentirnos importantes en un sentido general hace que muchas veces nos pongamos en situaciones que nos distraen significativamente del compromiso y las actividades matrimoniales.
Tratar de sentirnos magnánimos e importantes cuando no le ponemos límites a la manera como los demás afectan nuestra vida y la de nuestra familia es una actitud dañina y egoísta. Muchas veces estamos dispuestos a sacrificarlas a ellas con tal de tener la admiración de los demás.
Cierre la boca. He insistido una y otra vez en que las parejas nunca deben comentar sus problemas y quejas sobre su cónyuge con amigos mutuos o familiares.
Recibo numerosas llamadas de gente que se arrepiente de haberles contado a amigos y familiares sus problemas matrimoniales específicamente porque después, cuando la relación se normaliza, la gente sigue polarizada y sigue criticando o rechazando al otro.
Las familias políticas. No es raro que las familias políticas hagan exigencias absurdas y ejerzan gran presión sobre los matrimonios de sus hijos. ¿Por qué pasa eso? Por la incapacidad de dejar que los hijos se vayan, por la determinación egoísta de controlarlo todo, por una reacción hostil al cambio y a la diferencia, por problemas emocionales y psicológicos, y tal vez porque tienen demasiado tiempo libre.
Cuando no se respeta la dignidad personal ni la integridad de los hijos y de sus nuevas familias, las relaciones familiares pueden destruir la felicidad y el éxito de cualquier matrimonio. Y, algunas veces, cuando no se puede alcanzar un sano equilibrio, es necesario poner un límite y romper relaciones, por doloroso que sea, si ello implica la salvación del matrimonio.
Los hijos adultos. El manejo errado de los hijos de un anterior matrimonio, a causa del sentimiento de culpa, es probablemente el factor que más contribuye a que los segundos matrimonios fracasen más que los primeros, de acuerdo con las estadísticas.
Con frecuencia todo se reduce a una decisión. Si las críticas y las advertencias de nuestros amigos y familiares acerca de nuestra pareja tienen buenos fundamentos, debemos aceptar las verdades. Pero en general no debemos permitir que las actitudes mezquinas de amigos y familiares, sus actitudes encubiertas y agresivas, lesionen nuestro matrimonio. Tenemos que elegir. Tenemos que apoyar a nuestra pareja.
9. Uniones estúpidas
Hay dos factores claves en la negativa a renunciar a una relación estúpida. El primero es el temor a enfrentar que el problema realmente somos nosotros: si fuéramos distintos o mejores, nuestra pareja sería diferente. Estas dudas sobre nosotros mismos nos paralizan. El segundo factor es el hecho de saber que terminar la relación es difícil. Todas las pérdidas nos hacen sufrir y nos dejan en el limbo. Yo les pido a mis oyentes que lo vean como una oportunidad. La clave está en la perspectiva.
Intimidad inmediata. Debido a la visión tan relajada que tiene la sociedad acerca del sexo por fuera del matrimonio, muchos hombres y mujeres están teniendo una intimidad instantánea que compromete su corazón, su alma, su espíritu y sus genitales en una situación que todavía no ha involucrado su mente. El resultado es un flujo constante de uniones desacertadas que producen corazones rotos, niños por fuera del matrimonio, enfermedades de transmisión sexual, desilusiones que producen sufrimiento, pérdida de la fe en las relaciones en general.
No tengan relaciones sexuales antes de conocerse mejor. Tener relaciones sexuales antes de que se establezca una verdadera relación es comportarse de manera estúpida. Cuando hablo acerca de moralidad y los mandamientos divinos lo que busco es proporcionarle a la gente unas reglas que les sirvan de pautas; mi intención no es reprimir. Las prohibiciones religiosas tienen como fin último evitar que nos hagamos daño, o que se lo hagamos a los demás, y darnos un propósito y una motivación para tener una vida significativa y feliz.
Mucha gente no piensa en el futuro, sólo en el presente. Por eso es necesario que todos crezcamos y maduremos mucho como personas antes de tomar una decisión tan importante como la elección de nuestro compañero de por vida. Antes de tomar esa decisión debemos ser capaces de definir nuestro lugar en el mundo y nuestra identidad y crecer espiritualmente.
El factor miedo. Una de las razones que la gente esgrime con mayor frecuencia para justificar sus malas uniones es el miedo. Es muy descorazonador recibir tantas cartas de hombres y mujeres que se aferran a una relación como se aferra a una ramita alguien que se está ahogando. Es triste ver tanta gente que mide su propia autoestima por el hecho de ser deseada por alguien, independientemente de las cualidades de esas personas.
El amor no es suficiente. Me enfurece la gente que llama para quejarse del comportamiento desagradable, horrendo, destructivo, inmoral, cruel y estúpido o, sencillamente, vil de su pareja, pero luego termina diciendo: ¨Pero yo lo/la amo¨. El amor no tiene nada que ver con la adulación engañosa ni con la atracción física.
Mi punto es que la atracción sexual y los apegos desesperados llevan a la gente a creer que está enamorada y que el amor puede conquistarlo todo. Esas son dos creencias erradas muy peligrosas.
Cómo sobrevivir a una unión desacertada. El mejor resumen de una unión desacertada: la ausencia de alguien que entienda de qué estamos hablando. Eso no significa que las parejas siempre tengan que estar en acuerdo. Significa que los dos deben entender, preocuparse, ser compasivos, estar dispuestos a comprometerse y a darle prioridad a la relación, admirar las cualidades básicas del otro, apoyarse mutuamente en las fortalezas y ayudarse en las debilidades, esforzarse en solucionar las fallas, asumir la responsabilidad de sus actos y respetar los votos santificados por Dios.
10. Separaciones estúpidas
Actualmente cerca de dos tercios de los divorcios son impulsados por las mujeres y los hombres que dicen que sus esposas se van porque les parece que ¨se han ido alejando¨, ¨que no son felices¨, que ¨se sienten subestimadas¨, que ¨tienen necesidades insatisfechas¨, que ¨tienen diferencias irreconciliables en sus objetivos o estilos de vida¨, que ¨se sienten aburridas¨ o, la clásica excusa, que ¨necesitan encontrarse a sí mismas¨.
Creo que el feminismo es el culpable del triste desarrollo que han tenido las relaciones entre los géneros, debido al impacto negativo que han ejercido sobre las mujeres muchas de las nociones que promueve esta corriente.
¡Cuidado! Las jóvenes de hoy día, que han sido educadas bajo los principios de la propaganda feminista, son muy precavidas frente al matrimonio. Los jóvenes de hoy día, que también han sido educados bajo los principios de la propaganda feminista, son muy precavidos frente a las mujeres.
Los hombres y las mujeres están siendo programados para que se cuiden mucho de no ¨ser usados¨. Infortunadamente, para muchas personas hoy día el hecho de mantener a una familia, o educar a los hijos, entra dentro de esa categoría.
Sumado a la tendencia de destructiva del feminismo está el cambio general de la sociedad, que ha pasado de honrar las obligaciones y los compromisos a poner más énfasis en los derechos, pero sin que eso vaya acompañado de una importancia igual en lo que respecta a las responsabilidades.
Es un hecho ineludible que nunca es posible recibir de la vida, o de otra persona, todo lo que creemos que deberíamos, podríamos o querríamos tener. Sencillamente la vida real es más compleja que eso. Además, ¿se imaginan ustedes cómo sería ser todo lo que otra persona cree que debería, podría o querría tener? Pasarse la vida ambicionando lo que no tenemos es perder la oportunidad de apreciar lo que sí tenemos, que generalmente incluye muchos privilegios y ventajas.
Lo que causa el mayor número de separaciones estúpidas es esa horrible tendencia hacia la satisfacción personal, que busca proteger al yo de las destructivas necesidades de los demás, ya sean cónyuge o hijos.
La gente necesita esforzarse más cuando está casada. Una de las razones por las cuales vivo insistiendo, en que ¨el amor no es suficiente¨ para tener un buen matrimonio es que las emociones son inestables, vulnerables, imprevisibles, que dependen de las situaciones y que no son inteligentes. El compromiso y el respeto de las promesas, las obligaciones y la tradición son, en cambio, elementos más confiables para construir una relación. Uno se puede entusiasmar mientras fantasea con una estrella de cine o algún conocido, pero nada produce más emoción y afecto profundo que ver la ternura con que nuestro cónyuge trata a los niños, o sentir su solidaridad cuando estamos atravesando por un mal momento o estamos deprimidos.
Es un error pensar que alguien pueda mantenerse feliz y satisfecho todo el tiempo. También es un error pensar que existe alguien en el mundo con quien podamos tener una vida eternamente feliz y plena. De igual manera es un error pensar que las mejores relaciones no tienen que atravesar por una serie de etapas y enfrentar crisis y problemas, algunos de las cuales parecen insuperables.
La necesidad de encontrarnos a nosotros mismos. Siempre me ha divertido mucho la expresión ¨tengo que encontrarme a mí mismo¨. Primero porque parece haber la noción de que estamos en un lugar distinto a aquel donde se desarrolla nuestra vida, segundo porque hay la idea de que no podemos encontrar a nosotros mismos si estamos casados o tenemos hijos, y finalmente porque no es posible que nos encontremos a nosotros mismos en la cama de una persona distinta de nuestra pareja.
La verdad que uno se encuentra a sí mismo en los compromiso, en los ojos de la gente que depende de uno, en la nobleza de las respuestas a los retos a la vida, en las acciones y las decisiones; la verdad es que uno se encuentra justamente donde está en cada momento.
La noción de ¨encontrarnos a nosotros mismos¨ es una forma de disculpar la frustración, una reacción llena de resentimiento contra las obligaciones y la rutina, y una descarada manipulación de la compasión y la comprensión ajenas.
Con esa actitud lo más probable es que terminemos solos, o teniendo deslices superficiales y llenos de remordimiento por haber provocado una separación estúpida. No nos digamos mentiras ni le mintamos a nadie más. Cuando empecemos a sentir que es momento de alejarse, parémonos firmes y enfrentemos lo que sea que nos esté preocupando o asustando.
Problemas psicológicos y emocionales no resueltos. Cuando hablo con la gente que tiene problemas que van desde su simple inmadurez hasta dolorosas reacciones frente al maltrato y el caos de sus hogares originales, o la enfermedad mental, por lo general, les recuerdo que todo el mundo es capaz de amar y merece ser amado. En lo que nos diferenciamos es en la capacidad de ver más allá de nosotros mismos para sacrificarnos por otra persona, y en la disposición a volvernos vulnerables y abrirnos a otras personas.
Las separaciones estúpidas se producen porque no queremos ver lo peor de nosotros mismos, y si preferimos hacernos los ciegos, nunca tendremos el amor que deseamos.
De acuerdo a la correspondencia que recibo, parecería que el libro que más le ayuda a la gente a concentrarse en la tarea de tener una vida más significativa y una relación satisfactoria es la Biblia.
En conclusión, para evitar separaciones estúpidas mi sugerencia es que, después de leer este libro, abran la Biblia.
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